Como un elefante en una cacharrería
Al tiempo que me entero del fallecimiento de Loyola de Palacio (porque, lamentablemente, todos tenemos alguien cercano con su mismo problema), me entero también de las palabras de mi escritor favorito sobre los políticos y la memoria histórica. Ayer estuve completamnete desconectada y hoy es cuando me pongo al día de las noticias. Una es triste. La otra, lamentable.
Lo lamentable no es que Pérez Reverte haya opinado eso, porque yo coincido con él en muchas cosas, no en todas. Me gusta cómo se expresa, cómo cuenta la historia, cómo cuenta una historia. No alardea de hazañas pasadas por parte del imperio español, sino que habla de una realidad que reflejaba la sociedad que existía y habla de la sociedad actual. Cuando lees algo que él haya escrito, comprendes la amargura de quien ha vivido tantas cosas, el que sabe que la raza humana es capaz de las mayores vilezas. Él mismo fue testigo de muchas injusticias y genocidios que quedaron impunes. Mucha gente le critica que se lucra con sus libros. Para eso se es escritor, digo yo, porque no sólo de un sillón en la Academia de la Lengua vive el Hombre y estar veinte años de corresponsal de guerra, se dice pronto.
Aunque yo no sea su biógrafa, no aspiro a eso, ni a tanto, tengo que recordar que este escritor de pluma rápida y letra mordaz fue corresponsal de guerra durante veinte años. Muchas de las guerras que ahora nos cuesta recordar o imaginar, fueron cubiertas por él y con su amigo y compañero Márquez, cámara de televisión. Vivió en primera persona y fue testigo de cómo una persona puede ser peor que el mismísimo demonio, sin importar el país. Ha hablado largo y tendido de atrocidades cometidas por un vecino al otro, con la excusa de una guerra civil. Conoce muy bien la villanía del poder que, a través de las épocas, sólo han buscado su propio bienestar y su propio lucro. En su paginita de "El Semanal", habla todas las semanas de algo que le haya impactado, de alguna de sus batallitas, o de algún asunto que le haya apetecido. Y lo cuenta de una manera muy llana, a su manera, llena de dobles sentidos, de insultillos escondidos, o soltando lo que le apetezca, porque se lo permiten y porque puede.
Y ahora que parece que ser español es malo, está feo, no puedes mirar a la derecha sin que parezca que eres un facha de mierda y un franquista de pro, ahora que todo el mundo es socialista, todo lo que hacen está bien, es justo, es precioso, era justo lo que necesitábamos, toda la vida esperando para esto, gracias dios, ahora que por fin el Rodriguez Ibarra se va, ahora que se olvida quiénes son los que ponen bombas para acusar a los que gobernaban por aquél entonces, ahora que aparecen documentos que señalan en la dirección que no interesaba que fuera señalada, ahora que la ONU se ha alarmado del precio de las viviendas en este país y parece que ha molestado, ahora que sube (de nuevo) el IPC a velocidad vertiginosa y los sueldos siguen igual o peor, ahora que quieren restringirnos el agua a favor de campos de golf, y sólo ahora... me pregunto que qué pasa si afirmo que no soy socialista, que el pp necesita una remodelación muy profunda, que soy española y que yo también confundo cosas muchas cosas muchas veces, pero no olvido que ante todo soy persona, que muchas cosas de la vida las ignoro, afortunadamente, y que siempre, cualquier disidente con el gobierno, es objeto de críticas.
Claro que a lo mejor lo que ha molestado es la de pasta gansa que gana el Reverte vendiendo libros. Oyes, que a lo mejor es porque escribe bien. Y como ningún envidioso reconoce que lo es, y en España el deporte nacional es la envidia... claro: nadie quiere ser español ni envidioso.
Señor Arturo: mis más sinceras envidias. Firmado: una española.
Lo lamentable no es que Pérez Reverte haya opinado eso, porque yo coincido con él en muchas cosas, no en todas. Me gusta cómo se expresa, cómo cuenta la historia, cómo cuenta una historia. No alardea de hazañas pasadas por parte del imperio español, sino que habla de una realidad que reflejaba la sociedad que existía y habla de la sociedad actual. Cuando lees algo que él haya escrito, comprendes la amargura de quien ha vivido tantas cosas, el que sabe que la raza humana es capaz de las mayores vilezas. Él mismo fue testigo de muchas injusticias y genocidios que quedaron impunes. Mucha gente le critica que se lucra con sus libros. Para eso se es escritor, digo yo, porque no sólo de un sillón en la Academia de la Lengua vive el Hombre y estar veinte años de corresponsal de guerra, se dice pronto.
Aunque yo no sea su biógrafa, no aspiro a eso, ni a tanto, tengo que recordar que este escritor de pluma rápida y letra mordaz fue corresponsal de guerra durante veinte años. Muchas de las guerras que ahora nos cuesta recordar o imaginar, fueron cubiertas por él y con su amigo y compañero Márquez, cámara de televisión. Vivió en primera persona y fue testigo de cómo una persona puede ser peor que el mismísimo demonio, sin importar el país. Ha hablado largo y tendido de atrocidades cometidas por un vecino al otro, con la excusa de una guerra civil. Conoce muy bien la villanía del poder que, a través de las épocas, sólo han buscado su propio bienestar y su propio lucro. En su paginita de "El Semanal", habla todas las semanas de algo que le haya impactado, de alguna de sus batallitas, o de algún asunto que le haya apetecido. Y lo cuenta de una manera muy llana, a su manera, llena de dobles sentidos, de insultillos escondidos, o soltando lo que le apetezca, porque se lo permiten y porque puede.
Y ahora que parece que ser español es malo, está feo, no puedes mirar a la derecha sin que parezca que eres un facha de mierda y un franquista de pro, ahora que todo el mundo es socialista, todo lo que hacen está bien, es justo, es precioso, era justo lo que necesitábamos, toda la vida esperando para esto, gracias dios, ahora que por fin el Rodriguez Ibarra se va, ahora que se olvida quiénes son los que ponen bombas para acusar a los que gobernaban por aquél entonces, ahora que aparecen documentos que señalan en la dirección que no interesaba que fuera señalada, ahora que la ONU se ha alarmado del precio de las viviendas en este país y parece que ha molestado, ahora que sube (de nuevo) el IPC a velocidad vertiginosa y los sueldos siguen igual o peor, ahora que quieren restringirnos el agua a favor de campos de golf, y sólo ahora... me pregunto que qué pasa si afirmo que no soy socialista, que el pp necesita una remodelación muy profunda, que soy española y que yo también confundo cosas muchas cosas muchas veces, pero no olvido que ante todo soy persona, que muchas cosas de la vida las ignoro, afortunadamente, y que siempre, cualquier disidente con el gobierno, es objeto de críticas.
Claro que a lo mejor lo que ha molestado es la de pasta gansa que gana el Reverte vendiendo libros. Oyes, que a lo mejor es porque escribe bien. Y como ningún envidioso reconoce que lo es, y en España el deporte nacional es la envidia... claro: nadie quiere ser español ni envidioso.
Señor Arturo: mis más sinceras envidias. Firmado: una española.
Etiquetas: Pérez Reverte
